Camino de Santiago 2018

Siempre recordaré la mañana del 26 de julio, inicio de una experien­cia enriquecedora y plena, una aventura inolvidable y una auténtica vivencia de Fe. Un grupo de 56 impacientes peregrinos, muchos de ellos de esta Parroquia, de edades comprendidas entre 10 y 80 años, después de encomendarnos a Dios con una misa matutina, co­menzamos desbordantes de alegría la peregrinación que con tanta ilusión llevábamos muchos meses preparando. Ante nosotros, tras un maratoniano viaje en autobús, nos aguadaba un recorrido de aproxima­damente unos 136 Km calculados sobre el papel y que luego resultaron muchos más, casi 165 Km.

Durante los días del 27 de julio al 2 de agosto, afrontamos con entusiasmo seis etapas maravillosas: Xunquería de Ambia- Ourense; Ourense-Cea; Cea – Castro- Dozón; Silleda- Boqueixon; Boqueixon-Santiago de Compostela, que luego resultaron preciosas etapas de genuino paisaje gallego, de fron­dosos bosques autóctonos, de verdes prados, de hermosos ríos, con bonitos puentes y pequeñas aldeas que con­servan vestigios medievales, ermitas, hórreos, graneros, pazos señoriales con jardines de rosas y hortensias. Un paisaje que nos ha ido sorprendiendo a cada momento y en el que es impo­sible no descubrir la presencia de Dios.

Con las primeras luces del alba, las alarmas nos despertaban y abordá­bamos la nada fácil tarea de poner en marcha a 56 peregrinos. Tras el nece­sario desayuno y la oración del día, comenzábamos nuestra etapa de cada día por tranquilos y solitarios caminos, algunos llanos y fáciles, otros auténticas pruebas de resistencia con subidas rom­pe-piernas en las que faltaba el aire y bajadas bruscas en las que te sentías rodar,…. todo ello junto a nuestros compañeros con los que hemos compartido canciones, confidencias, historias, risas, charlas, bromas, oraciones …. y también el cansancio y las fatigas, y compa-ñeros a los que hemos ido descubriendo día a día, conociéndolos un poco más, en un ambiente de franca camaradería que ha hecho más llevadero el caminar. El “sentimiento de grupo “ha reinado día tras día e incluso el tiempo ha sido muy considerado con estos peregri­nos del sur y nos ha regalado mañanas fresas, suaves brisas y ligeras lloviznas que sin duda han ayudado.

Hemos caminado en grupos, al frente siempre la Cruz, en cada etapa hacíamos tres paradas, para comer algo, descansar y recuperar fuer­zas, hasta finalmente llegar a nuestro albergue donde continuamos con nuestro diario quehacer: colocar esteras y colchonetas, organi­zar mochilas, conseguir un sitio en las duchas, localizar un cargador, sellado de credenciales y curar las heridas y aliviar los dolores del camino, gracias a nuestras queridas doctoras y sus espontáneas ayu­dantes; todo ello hasta el momento especial de la Santa Misa. La oración nocturna siempre precedía al mere­cido descanso, tras una sabrosa cena de auténtica comida gallega.

Hemos sentido la presencia de Dios en todo lugar, algunos tan especiales como el impresionante Monasterio Románico de Oseira, Santa María la Real del S. XII, donde asistimos a la Misa dominical, cantada por los mon­jes; o la inigualable Catedral de San­tiago, con la Santa Eucaristía conce-lebrada por el Padre Rafael y el Padre Frederick y donde tuvimos la gran sa­tisfacción de ver a nuestros queridos seminaristas Edwin y Aurelius y a los monaguillos decanos: Pedro y David, ayudando en Santa Misa en el Altar Mayor.

Hay un momento especial que me gustaría resaltar: la entrada en San­tiago. La hicimos todos juntos, can­tando, bailando, gritando vivas, gol­peando fuertemente los adoquines con nuestros bordones, alzando las manos, y así llegamos a la Plaza del Obradoiro. En la plaza, el Pórtico de la Catedral, recientemente restaurado, nos dio la bienvenida, y el Apóstol nos esperaba, y allí la oración ante su tumba, agradeciendo las gracias y bendiciones recibidas y la recogida de nuestras “mere­cidas Compostelanas”.

Gracias al Señor, a la Virgen y al Apóstol por esta oportunidad de vi­vir este “Camino” que sin duda me gustaría volver a repetir, y gracias también a todos los que de una forma u otra lo han hecho posible. No puedo terminar sin animar a todos cuantos aún no lo han hecho, a que lo emprendan, es una magnífica forma de encontrar a Dios, al prójimo y una auténtica vivencia de fe. ¡BUEN CAMINO!

 

PILAR RAMIREZ BALBOTEO

 

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