Don Francisco Echamendi, tus muchos frutos te acompañan

 

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Ha fallecido en Marbella don Francisco Echamendi Aristu, hijo adoptivo de esta ciudad, que durante 32 años fue párroco de la Encarnación de Marbella, después de ser secretario del obispo Don Ángel Herrera Oria.

Echamendi dejó la parroquia de la Encarnación al jubilarse y encontrarse impedido y en silla de ruedas, pero no dejó la ciudad, donde ha residido en un modesto piso junto a su hermana Maria Jesús, hasta el momento de su defunción en la mañana de ayer. Miércoles uno de febrero.

 

La capilla ardiente quedó instalada en la capilla de San Juan de Dios próxima al templo de la Encarnación y en pleno casco antiguo de Marbella, por donde desde el mediodía pasaron cientos de feligreses y amigos.

 

La misa exequial ha tenido lugar esta mañana a las 10 horas, habiendo sido concelebrada por dieciocho sacerdotes, entre los que cabe destacar el Sr. Obispo de la Diócesis, Don Jesús Catalá y el párroco de la Iglesia de la Encarnación y Arcipreste de Marbella-Estepona. Todos los celebrantes mostraban el dolor de la perdida del amigo y la unidad celeste de un sacerdote ejemplar. Una comunión donde en todo momento se ha respirado por parte de todos los asistentes, el respeto, el silencio y la ofrenda de vivir intensamente la Luz de Cristo en sagrada comunión.

 

Francisco Echamendi Aristu nació en Pamplona 1929 y fue ordenado sacerdote en Málaga en 1952. En sus primeros años de vida sacerdotal pasó por Guaro, Tolox, Arriate, La Cimada y Parchite. En 1958 fue nombrado subdirector de la residencia sacerdotal de Málaga. Posteriormente, fue párroco del Santo Ángel en Málaga. De 1960 a 1975, estudió en Madrid en el Instituto Social León XIII, siendo luego responsable de la Escuela de Ciudadanía Cristiana en Madrid. Fue secretario del cardenal Ángel Herrera Oria.

 

Desde 1975, fue párroco de Ntra. Sra. de la Encarnación en Marbella. Tras 32 años como párroco de esta iglesia, fue nombrado Hijo Adoptivo de Marbella y mostró su humildad y gran talla humana en la inauguración oficial de la calle “Padre Francisco Echamendi’. También se sintió sumamente emocionado cuando el colegio de la barriada del Santo Angel Custodio en la Urbanización de Nueva Andalucia, fue bautizado con su nombre: Colegio de Don Francisco Echamendi.

 

El Ayuntamiento de Marbella ha decretado dos días de luto y las banderas ondearán a media asta, en un merecido reconocimiento de quien siempre ha llevado Marbella en su corazón.

 

La Iglesia estaba plena de feligreses y amigos que querían dar el ultimo adiós a quien fue su pastor con olor a oveja, siempre cerca del pueblo; un guía ejemplar por su amor y Misericordia bien entendida y bien practicada, sin diferencias de clases, razas, o culturas.

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La celebración empezó con una procesión por el interior del templo de los concelebrantes, dirigidos por el Sr. Obispo, mientras el público unía sus voces para cantar “Hacia ti Morada Santa”. Don Jesús Catalá y Don José López Solórzano llenaron con sus calidas y sentidas palabras, los corazones de los asistentes, con hermosas palabras de gratitud hacia Don Francisco Echamendi por sus servicios como apóstol del Señor.

 

En el día de hoy se siente un vacío contradictorio, ya que quedan nuestros corazones llenos de su amor, de sus consejos, de su comprensión, de su saber hacer y saber ser, de padre y de amigo, de haber sido siempre hospital de campaña y nunca hizo de aduana. Las puertas de la Encarnación estaban siempre abiertas a todos, sabiendo recibir siempre con los brazos abiertos.

 

Igualmente emotivas y sencillas fueron las breves palabras de su hermano, también sacerdote como el, quien recordó que en la celebración de los 60 años de sacerdocio, solo dijo tres palabras. Gracias, Gracias, Gracias. Palabras de humildad, servicio y entrega, ya que quienes tienen que estarle eternamente agradecidos es el pueblo de Marbella.

 

Encomendándolo a la Santa Madre del cielo, se cantó “Salve Regina”, quien seguro le ha recibido en sus brazos para que su Divino Hijo le acoja con todo su Amor, sabiéndole purificado por su entrega mas intensa durante los últimos años de su enfermedad, pero cuya lucidez mental era admirable.

 

Aplausos cálidos llenos de amor y admiración acompañaron la salida del féretro del templo, mientras voces anónimas acompañaban sus últimos pasos en esta Parroquia que fue su enorme gran amor en la tierra, siempre al servicio de la Obra de Dios.

 

Ya en la plaza donde esperaban los dos coches  fúnebres con gran cantidad de coronas de flores,  el publico asistente, fuera del templo se despidió con palmas de gratitud  y coreó la canción de “Resucitó, resucitó, resució, Aleluya”.

 

La voz era unánime, todos dábamos gracias por el gran regalo que Dios Misericordioso nos ha dado al poder tener a Don Francisco Echamendi como pastor durante tantos años.
Video Misa Funeral Don Francisco Echamendi

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