Los Santos de la semana III Domingo del Tiempo Ordinario

Santos de la semana (Copiar)

 

La Conversión de San Pablo – 25 enero.  En el Nuevo Testamento la conversión de San Pablo aparece en sus propias cartas y en los Hechos de los Apóstoles. La descripción más detallada de lo que ocurrió, se registra en el capítulo 9 de los Hechos. La conversión de Pablos se produjo después de la crucifixión de Cristo en  algún momento entre los años 33 y 36. Antes conocido como Saulo de Tarso, era un judío de la tribu de Benjamín, que persiguió a los primeros cristianos y su conversión tuvo lugar mientras viajaba de Damasco a Jerusalén  en su persecución de la Iglesia naciente. Pablo experimentó una visión de Cristo resucitado diciendo las famosas palabras “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues” Cayó de rodillas y quedó ciego durante tres días hasta que Ananías que era discípulo de Jesús puso las manos sobre él. Inmediatamente cayó la venda de los ojos, y ahora podía ver no sólo físicamente, sino espiritualmente. La visión había abierto su corazón a Cristo y a la verdad. Después de su revelación Pablo fue bautizado y viajó por el mundo proclamando la buena noticia del Evangelio.

 

Sto. Tomás de Aquino – 28 enero. Nació en el castillo de la familia en Lombardía, en 1225. Educado por los monjes benedictinos, asistió a la universidad de Nápoles, donde estudió teología y filosofía. Se unió a la orden de los monjes dominicos en 1244 y viajó a París, donde amplió sus estudios. En 1250 fue ordenado en Colonia bajo la guía de su mentor y superior Albertus Magnus,  luego regresó a París y también viajó por Italia. Fue en Nápoles en 1273 donde experimentó una revelación divina tan grande que dejó su “Summa Theologica” incompleta, diciendo que sus escritos eran como la paja en comparación con la gloria de Dios. Murió el 7 de marzo de ese año, dejando como legado muchas grandes obras teológicas, incluyendo su “Summa contra Gentiles”, un tratado sobre Dios y la creación. Fue canonizado en 1323 y declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío V en 1567.

 

Juan Bosco – 31 enero. (1815-1888) Se crió en las aldeas de Becchi y fue hijo de un granjero. Trabajó como pastor y su pobreza le impidió tener una educación adecuada. A la edad de 12 años se fue de casa, y afortunadamente se encontró con un joven sacerdote que lo tomó bajo su ala y apoyó su escolarización reconociendo sus capacidades. Desde pequeño Juan sintió la llamada de Dios para ayudar a los niños necesitados, se sintió atraído hacia el sacerdocio y en 1835 entró en un seminario de Chieri. Después de seis años fue ordenado, instalándose en Turín. Estableció la Comunidad Salesiana de Don Bosco, un grupo de hombres y mujeres religiosos interesados principalmente en la educación y la mejora de las condiciones de vida de los niños desfavorecidos. Mientras los hermanos trabajaron con los niños un grupo de monjas conocidas como “Las Hijas de María Auxiliadora” fundaron un Instituto para las niñas bajo su dirección. Canonizado en 1934 por el Papa Pío XI, se le dio el título de “Padre y maestro de la juventud”.

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