Los Santos de la semana IV Domingo del Tiempo Ordinario

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Santa Brígida– 1 febrero. Es la Patrona de Irlanda y fue una monja cristiana, abadesa y fundadora de varios monasterios. Era hija de un noble escocés que trató de arreglar un matrimonio para ella con un joven bardo, pero ella se negó y se fue a su obispo y tomó sus primeros votos. El logro central de su vida se produjo en 470 cuando fundó el primer convento en Kildare, nombre que significa “Iglesia de la Encina”, del que era abadesa y que se convirtió en un centro para la espiritualidad y el aprendizaje. Se cree que ella también fundó una escuela de arte allí. Después de viajar por el país en un carro proclamando el evangelio y consiguiendo muchos conversos murió en Kildare en 523. En 1962 fue nombrada Patrona de Irlanda.

 

Fiesta de la Presentación del Señor– 2 febrero. Es una celebración relativamente antigua, de la primera mitad del siglo IV. La fiesta conmemora la presentación de Cristo en el templo en el día 40 después de su nacimiento. Era costumbre traer el primer hijo nacido al templo porque él pertenecía a Dios. Simeón y Ana, debido a la fortaleza de su fe, reconocen inmediatamente a Jesús como el Mesías tan esperado, que trae la salvación. En este sentido, este evento es otra epifanía. El Cántico de Simeón predice el sufrimiento de Cristo y el rechazo y el dolor que María va a experimentar en su propio corazón. La Presentación de Jesús en el templo es el cuarto misterio gozoso en el Santo Rosario.

 

S. Blas– 3 febrero. San Blas fue médico y obispo en Armenia. Nació de padres nobles ricos y fue consagrado siendo aún muy joven. Cuando comenzaron las persecuciones de los cristianos se retiró a vivir en una cueva como un ermitaño, donde se le atribuyen muchos milagros, el más famoso aquel en el que una mujer cuyo hijo sufría asfixia por una espina de pescado, vino a él en busca de sus oraciones e intercesión, y Blas sanó milagrosamente al niño. Principalmente debido a este milagro que es invocado por todos los que sufren de heridas y enfermedades de la garganta. Por desgracia, fue descubierto por los perseguidores de cristianos de la época, encarcelado, sometido a una tortura horrible y finalmente decapitado. En muchas iglesias la bendición de San Blas se da con el uso de dos velas sobre la cabeza o hacia la garganta de los fieles por un sacerdote, roscas o pasteles también son bendecidos para invocar su curación.

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