Meditando el Evangelio II Domingo después de Navidad

(Lectio Divina)

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Palabras para la vida:

II Domingo después de Navidad

La revelación cristiana nos dice que el ser humano no puede reducirse a pura materialidad, el ser humano es algo más que materialidad. Nos dice la Sagrada Escritura que la persona humana es imagen de Dios, que la persona humana tiene espíritu, que la persona tiene un alma espiritual. La Revelación cristiana nos deja claro que en la persona humana hay una dimensión espiritual. Esta creencia es compartida también por el Islam, por el judaísmo, y por las religiones de la prehistoria cuando ya en aquellos tiempos enterraban ritualmente a las personas.

 

Esta dimensión espiritual del ser humano se expresa a través de nuestra entrega amorosa a otras personas: ya sea con el marido o mujer, con los hijos o familiares, con los amigos. Esta dimensión espiritual también se manifiesta a través del pensamiento, a través de la palabra.

 

El evangelista S. Juan trata de explicar a los cristianos el misterio de Dios. Dios es un misterio de amor. Dios es uno y trino. Dios es uno, pero en Dios hay tres personas divinas. El Hijo procede del Padre desde toda la eternidad y por siempre. Este modo de proceder del Hijo respecto al Padre, desde toda la eternidad, es parecido al modo en que procede la palabra respecto a una persona. Por eso cuando S. Juan nos habla de la Palabra se refiere al Hijo de Dios. La Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios.

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